Cenando con un Masai

Le conocí en las playas de Zanzibar. Trataba de venderme algo, como todos los demás, y acabamos haciéndonos amigos. Me llevo a un bar donde iban los locales, y estaba lleno de Masais tomando algo.

Me partía de risa cuando me contaba, con cierta resignación, que para pedir la mano de la mujer que le gustaba necesitaba 20 vacas, y sólo había conseguido 3 hasta el momento.

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